Durante la celebración del día del Patrimonio se realizan visitas guiadas al Corral de Pesca de la Puntilla de Pichiquillaipe.

El domingo 25 de mayo de 2014, aproximadamente 45 personas, entre vecinos del sector y visitas de otras localidades, se dieron cita a las 14:30 en la playa al sur de la Isla Quillaipe.   Se realizó un recorrido de reconocimiento de las distintas estructuras consideradas como CORRALES DE PESCA.

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Durante el trayecto se entregó información sobre los orígenes y el uso que los antiguos habitantes de sector, hacían de estos Corrales.   Se aprovechó además la caminata para recoger basuras, arrastradas por el mar hasta la playa.   Al termino del recorrido contamos con la gentileza de don Victor, quien nos llevó en su micro bus nuevamente al punto de partida.

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En el año 2016 se organizó una visita a la que asistieron vecinos que participaban en el primer Seminario "En la Ruta de los Conchales del primer tramo de la Carretera Austral" , vecinos del sector y autoridades municipales.

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En esta visita contamos con el vecino don Anibal Olavarria, quien es descendiente directos de los primeros pobladores modernos del sector de Pichiquillaipe, quienes se habrían establecido en el lugar durante las dos últimas décadas del siglo XIX.   Don Anibal es nieto  directos de los constructores de los corrales de piedra registrados en el área.

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La rica mitología de Chiloé también tiene un espacio para las magníficas construcciones, los Corrales de Pesca, que sirvieron de sustento a gran parte de las familias ribereñas.

La figura mitológica a la cual los antiguos habitantes de la zona le atribuían características sobrenaturales es el Cuchivilú. (de Cuchi: cerdo y Vilu: serpiente)

El Cuchivilú es un monstruo marino mitad cerdo mitad culebra que vive en el fango de las playas que deja por las noches para destruir los corrales de pesca.

Los lugareños no se bañan en las aguas por donde ha pasado el cuchivilú, ya que es posible que se les cubra el cuerpo de "Chincheños" (sarna), reconocen su presencia por las huellas de cerdo en la playa o por encontrar algunos corrales rotos aunque hayan sido rotos por el agua o el viento.

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El rito  llamado  Treputo  (Trepute,  o también Cheputo), asociado históricamente a los corrales de pesca, implicaba antiguamente la participación de una persona a la que se denominaba Pougtén. Su rol era el de conducir el rito, ofreciendo algunos regalos que eran enterrados en la base del corral, en ocasiones amarrando una lagartija a la estructura y azotando la estructura con ramas de árboles de chaumán (Pseudopanax laetevirens) y tepa (Laureliopsis philipiana) previamente pasadas por humo.

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Con el paso  de los años los Pougtenes  desaparecieron, pero dicha práctica ha permanecido de manera fragmentaria en la zona austral, pudiendo advertirse cuando los pescadores azotan sus redes y anzuelos con chaumán cuando la pesca se estropea, o antiguamente los mariscadores, cuando la recolección era pobre.

 

(tomado del libro: Los antiguos habitantes de la Provincia de Llanquihue, CMN)

El pueblo Chono fue el más septentrional de los canoeros patagónicos.  Su territorio se circunscribe entre el canal de Chacao y el istmo de Ofqui, aun cuando en el periodo hispánico traspasaron el golfo de penas, alejándose del contacto europeo.

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Este pueblo constituyó pequeñas unidades familiares, de tres o cuatro personas, que se desplazaban de norte a sur en este extenso territorio, en un nomadismo estacional y alimentario.

Debieron habitar por milenios estos espacios porque una parte importante del archipiélago de Chiloé, las Guaitecas y los Chonos llevan nombres en su lengua.

Fue común en los Chonos, las técnicas para habitar, pescar, mariscar, para hacer fuego y, en general, para transformar y aprovechar la naturaleza.   La dieta de los Chonos era a base de recursos obtenidos de las costas: mariscos, algas, peces, lobos marinos y el festín esporádico de una ballena que varaba.

La Dalca:   los Chonos son conocidos en la historia de los pueblos amerindios porque construyeron una embarcación con tablones de alerce.

En un momento de su historia, estos pueblos incorporan el “curanto” como una manera más efectiva de cocinar grandes cantidades de mariscos y otros alimentos de una vez, aprovechando el vapor generado por esta suerte de olla vegetal, activada por piedras calientes. Este método, al parecer, es recibido de pueblos polinésicos que arriban a nuestras costas en los últimos milenios.

 

De la lengua de los Chono queda poca presencia. En la toponimia del archipiélago podemos rescatar algunas voces que son como fantasmas testimoniales de una etnia que ya no existe, pero que habla por nuestra boca cada vez que decimos: Caguach, Tac, Chaulinec, Achao...

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La conquista española y la conversión al catolicismo dirigida por los jesuitas arrebató a este pueblo no sólo su territorio, que pronto se vio desplazado más al sur, sino que además le desarticulo la dinámica de su nomadismo y de sus formas de vida. Ellos vivieron miles de años en estos canales; soportaron las tensiones del clima y de su geografía.  Fueron la humanidad en este archipiélago, sobrevivieron en territorios que hasta el presente permanecen desocupados porque las poblaciones contemporáneas no logran resistir estos ambientes. Ellos dominaron un planeta en su condición más inhóspita, pero dos siglos de conquista los aniquiló.

Probablemente hoy encontremos entre mezclados entre la gente de los pueblos de Chiloé y la provincia de Llanquihue gente con sus rasgos y apellidos alquilados convertidos en campesinos y otros oficios.

 

Pichiquillaipe se ubica en la Región de Los Lagos, en la costa norte del seno de Reloncaví y colinda hacia el norte con el sector de Piedra Azul y hacia el sur con el sector de Quillaipe, en la Comuna de Puerto Montt.   Para llegar a Pichiquillaipe por vía terrestre es necesario recorrer aproximadamente 20 kms. por la ruta 7 (Carretera Austral) con rumbo a Caleta La Arena.

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Desde una perspectiva fisiográfica, el sector se encuentra en desarrollo y responde a la dinámica costera. El territorio se formó con posterioridad al Ultimo Máximo Glacial (UMG) y se disponen en y sobre los sedimentos fluvio-glaciales que han quedado luego del “retiro” del glacial, como lo evidencian los bloques de grandes dimensiones que se encuentran comúnmente en la playa.

Desde un punto de vista ambiental, este sector de Pichiquillaipe se ubica en la zona de contacto entre el bosque siempre verde templado del sur de Chile y las planicies costeras, dominadas por vegetación arbustiva baja, no relevante, producto de los acontecimientos catastróficos del año 1960. En la bahía, puede apreciarse la presencia de extensas zonas de renovales, dejando esporádicos individuos adultos consignados sólo para los sectores de quebradas algo más interiores. Siendo dominante - de esta manera - una drástica antropización del medio en los últimos años, lo que se refuerza por la existencia de formaciones sustitutivas que ocupan áreas de antiguos bosques (macales) y las mirtáceas que corresponden a los vestigios del sotobosque de la misma formación siempreverde, que no han sido explotados (Gaete et al. 2000).

Un corral de pesca es un sector cercado formado por una barricada de piedra o madera de forma más o menos semicircular, que se construye en la zona intermareal.  Al subir la marea (pleamar) se llena de agua, que lleva consigo peces, moluscos, crustáceos y otras formas de vida marina que, con la bajamar, quedan atrapados en su interior por efecto de la barricada, circunstancia que es aprovechada por los pescadores para capturarlos.